Las asignaturas tecnológicas o más vinculadas con las llamadas ciencias cada vez se están imponiendo mas en las aulas de nuestros centros educativos, y no solo desde el punto de vista de la cada vez mayor implantación de dispositivos tenológicos en los centros; sino también en la carga curricular y horarios de clases científicas y tecnológicas a nivel semanal. Robótica y programación se hacen hueco entre las matemáticas y las asignatura de física, biología pero, ¿dónde se están quedando las humanidades? Filósofos e historiadores alertan con preocupación que desde hace ya años, incluso décadas, se está dando más valor a los conocimientos técnicos que se consideran con mayores salidas profesionales y por ello con mayor prestigio social; mientras que se están relegando las materias ligadas a las humanidades: historia, arte, filosofía, literatura, etc. por considerarlas materias menos importantes para la sociedad, su progreso o su incorporación al mundo del trabajo. Además, son asignaturas que son consoderadas como contenidos que se estudian memorizando… ¡pero son mucho más que eso!
Una posible causa de ello es la tendencia que se está viviendo en los sistemas educativos de muchos países de enfocar la enseñanza desde una mentalidad utilitarista, considerando la educación como un proceso para la profesionalización y quitando importancia a la formación individual de las personas. Pero, ¿es cierto que “las humanidades no “sirven” para nada?
Son muchas las voces de pensadores, sociólogos e investigadores que defienden que las materias de humanidades son pilares fundamentales para brindar al alumnado herramientas para entender la complejidad de la sociedad que nos rodea.
Y pese a la dificultad que existe para evaluar valores como el sentido crítico, el currículum debe fomentar y trabajar con profundidad los valores humanistas.
¿Por qué? ¿De qué nos sirve trabajar las humanidades en el aula? ¡Te damos algunos ejemplos de efectos positivos que tiene en el alumnado!:
- Para desarrollar la capacidad crítica de los estudiantes: ser capaces de comprender la información y argumentar a favor o en contra de las ideas establecidas creando así su propia opinión y visión del mundo.
- Para practicar la comunicación verbal y no verbal, brindando al alumnado la oportunidad de transmitir las ideas y los argumentos con claridad y coherencia.
- Para aprender a trabajar la información de forma adecuada: conocer y reconocer fuentes fiables y veraces, comprender la lectura, analizar los conceptos, compararlos con diferentes fuentes…
- Para potenciar el trabajo en equipo: esta competencia es necesaria tanto para la vida personal como la profesional y permite trabajar conjuntamente con otras personas con un objetivo común para obtener mejores resultados y sin necesidad de fomentar relaciones competitivas.
- Para comprender nuestro contexto histórico y tener perspectiva hacia el pasado y hacia el futuro. Comprender dónde estamos y cómo hemos llegado aquí es básico para imaginar nuevas formas de entender y mejorar el mundo.
- Para aprender a respetar la cultura y los contextos sociales e históricos de los demás, a través del conocimiento y la comprensión de los procesos que llevan a configurar las identidades.
- Para estimular el interés y la curiosidad por determinados contenidos: ¡Si les das las herramientas y les enseñas métodos de trabajo, ellos mismos acudirán a descubrir la historia, la filosofía, el arte, la literatura…!
- Para fomentar la escucha y la reflexión: dos capacidades clave a la hora de discutir y debatir ideas desde el respeto.
Tal y como explican los expertos, aprender y enseñar humanidades va mucho más allá de memorizar fechas y nombres. La red está repleta de experiencias de docentes y centros que saben la importancia de este área de conocimiento y que pueden servirte de inspiración para tus clases.
Literatura, filosofía, música… son disciplinas que nos completan como personas y que nos enseñan a comprender la compleja realidad del mundo actual. Y, en este sentido, es evidente que estamos ya en una realidad del mundo muchomás global, que hace que competencias como la tolerancia, la empatía, la creatividad, la capacidad de resolución de conflictos o el pensamiento crítico sean muy importantes para las empresas, y estas competencias las tienen más desarrolladas los estudiantes de humanidades que los técnicos, científicos o matemáticos.
Las empresas reconocen que necesitan perfiles técnicos pero no por ello dejan de reclamar a los «humanistas». Aunque también hay que aclarar que la importancia de este tipo formación aún no ha llegado de forma clara a España que va por detrás de los principales países desarrollados, sí es una apuesta en los países anglosajones. Esto lo demuestra el que compañias como Google, IBM o Microsoft se llevan a Silicon Valley a psicólogos, artistas, músicos, lingüistas, historiadores y filósofos. La era digital está reconfigurando el mercado laboral y somos testifos de un déficit de profesionales cualificados para cubrir puestos tecnológicos, pero para llevar esta a los clientes necesitamos personas con diferentes puntos de vista, capacidades y conocimientos, no solo tecnológicos, también especialistas en Filosofía o Arte, abiertos de mente, con razonamiento lógico y capacidad de innovación, capaces de ir más allá en el análisis de, por ejemplo, cuestiones éticas relacionadas con la Inteligencia Artificial. En estos lugares tecnológicos se están incorporando perfiles humanísticos (antropólogos, psicólogos, ilustradores, diseñadores...) en equipos multidisciplinares que, por ejemplo, trabajan para mejorar la experiencia de usuario a la hora de usar cualquier software en todo tipo de dispositivos.


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