domingo, 21 de noviembre de 2021

DESCENDIENDO A LA PROFUNDIDAD DEL ALMA

Estoy aún bajo el influjo y los efectos de las experiencias que viví y están aún calando poco a poco en mí tras realizar mi primer Camino a Santiago ahora hace dos meses. Me ha costado ir asimilando la carga emocional y espiritual que me fue empujando durante un trayecto que no fue fácil, pero que fué necesario y del todo obligado para poder intentar renacer, volver a ser y encontrar un respuesta a preguntas, dudas o cuestiones que surgen de una crisis vital y pandémica. En esta labor aún me encuentro y espero poder encontrar alguna respuesta fiable más pronto que tarde.

En estas semanas, en una de mis lecturas elegidas de forma un tanto caótica, casi a salto de mata, me he topado "casualmente", con un texto: Razones desde la otra orilla de  José Luis Martín Descalzo; un sacerdote muy mediático ya en su tiempo y que falleció ya hace unos años, en 1991. A Martín Descalzo lo recuerdo perfectamente, tuve la casión de poderlo escuchar varias veces en la radio, ver en televisión y leer en mi juventud algunos de sus artículos. Y es que mi madre tenía gran estima y admiración por él, lo seguía por radio y prensa escrita y en algunas ocasiones o bien coincidía con mi madre viéndolo por televisón o por radio, o bien mi madre compartía conmigo alguno de sus artículos en prensa. Tenía un estilo de comunicación muy especial y atrevido que enganchaba rápidamente con la gente sencilla. El caso es que hace unos días, cayeron en mis manos sus Razones desde la otra orilla, un libro que Martín Descalzo no llegó a ver publicado y que estaba destinado a ser el último libro de una serie de publicaciones titulada Razones; y de la que si llegaría a ver publicar antes de morir, Razones para el amor, su ultimo libro de la serie.

El texto que quiero compartir de Razones desde la otra orilla, corresponde al capítulo titulado Espeleología del Alma. Lo he elegido, porque es muy característico del estilo sencillo de evangelizar de Martín Descalzo y sobre todo, porque ha retratado perfectamente mi actual peregrinar por el camino hacia el interior. Lo que me mueve a compartirlo aquí es que, las personas que puedan estar practicando este deporte tan duro de la espeleología interior, con algunas de las cuales coincidí, compartí camino, experiencia y charla en mi peregrinaje a Santiago, puedan saborear y experimentar algún provecho con su lectura. 
Perdón por mi atrevimiento y aquí os lo dejo:


La espeleología del alma. San Ignacio.

En estos días en que comienza a celebrarse el quinto Centenario del nacimiento de Ignacio de Loyola me he decidido a leer la estupenda biografía que sobre él publicó otro vasco: José Ignacio Tellechea.Y me he detenido especialmente en los días de la conversión de Ignacio, los días en que practicó eso que Tellechea llama «la espeleología del espíritu», ese «deporte» que tanto necesitamos y tan poco practicamos todos. 

La verdad es que, de todos los viajes que un hombre tiene obligación de hacer, el más importante es, sin duda, el que nos conduce al interior de nuestro corazón. Un viaje a la vez corto y larguísimo, fácil y dificilísimo, cómodo y arriesgado. Porque pocas simas más profundas y oscuras que las de nuestra propia alma. Por eso la mayoría de los humanos prefiere simplemente vivir, resbalarse por la vida, antes que atreverse a descubrir quiénes somos verdaderamente. Porque ¡cuántos chascos nos llevaríamos si nos atreviésemos a descender a nuestro interior con una linterna y un espejo!

El primer chasco que Ignacio se llevó fue cuando una bala de cañón quebró sus piernas y le obligó a permanecer muchas semanas inmóvil, lo que le llevó a descubrir que llevaba treinta años en los que no había hecho otra cosa más que huir de sí mismo. Huir, eso que, según su visión caballeresca de la vida, era la mayor de las infamias. Y, sin embargo, no había hecho otra cosa en sus años mozos: olvidarse de lo mejor de su alma, vivir dedicado a valores que ahora le parecían humo, arrastrar una existencia vacía, tener anquilosada y dormida su fe. Sólo ahora lo entendió. 

Había sido realmente, como muchos siglos antes que él dijera San Agustín, un empecinado «fugitivo de su propio corazón». Y ¿quién de nosotros no tendría que decir de sí mismo otro tanto, lo mismo en lo humano que en lo divino? Si alguien ahora pesara y midiera nuestras vidas -tantas docenas de años, tantos centenares de meses, millares de semanas y decenas de millares de días-, ¿cuántos de ellos considerarían vivos y cuántos otros simple hojarasca, tiempo mal gastado y perdido? Muchos de nosotros - seamos sinceros- tal vez hemos llegado a los treinta, a los cincuenta años, sin aclaramos siquiera quiénes somos, adónde vamos. Y si tuviéramos claras esas respuestas, ¿cuántas de nuestras horas habrían sido coherentes con esa dirección? Ignacio, por fortuna para él, se dio cuenta a los treinta años de que hasta entonces no había vivido, y con ese coraje que era tan propio suyo, decidió dar un giro a su propia existencia y redimiese a sí mismo. ¿Cómo lo hizo? Tellechea nos contesta: «Rescatando las mínimas parcelas intactas de sí mismo, reforzándolas y orientando en nueva dirección energías no extinguidas de su espíritu: reestructurando la esfera de los noes al impulso avasallador de un nuevo sí.» 

Efectivamente, en todo hombre (y en toda mujer), por desastrada y vacía que hubiera sido su vida, siempre habrán quedado parcelas intactas de su verdad, esquirlas positivas de su fe o de sus entusiasmos. Y es sobre ellas donde hay que reconstruir. Despertarlas, reforzarlas y, sobre todo, orientarlas en la nueva dirección que hemos descubierto. No se trata de destruir la propia naturaleza; de lo que se trata es de conducir esa naturaleza que hasta ahora sirvió a los noes, es decir, al vacío, a la mediocridad, hacia un nuevo valor positivo, poniendo en él eso que San Ignacio llamaba «una determinación determinada", un nuevo impulso avasallador. 

Y ¿dónde está esa fuerza? En Dios y dentro de nosotros, a la vez. Porque, evidentemente, toda reconstrucción del alma empieza por dentro. «El primer paso -decía Bernanos- se da hacia dentro y en silencio, en ese silencio interior que la juventud teme o desdeña.» Nadie nos suplirá en esa batalla, ni Dios mismo. Pues Dios -como escribió Alexís Carrel- «no habla al hombre hasta que éste no ha logrado establecer la calma en sí mismo». Porque Dios ayuda al hombre, pero no le suplanta. Al final todo será obra suya, pero los primeros pasos son exclusivamente nuestros. Luego todo va siendo progresivamente más fácil. Lo describió hace muchísimos siglos otro converso, San Cipriano de Cartago: «Cuando el segundo nacimiento, hubo restaurado en mí al hombre nuevo, se opera en mí un extraño cambio: las dudas se aclaran, las barreras caen, las tinieblas se iluminan. Lo que yo juzgaba imposible puede cumplirse. Esta es la obra de Dios. Sí, de Dios. Todo lo que podemos viene de Dios. Renacer de nuevo, abandonar la vieja carne para vigorizarla al contacto con el agua salvadera, cambiar de alma y de mentalidad, y eso sin perder la propia identidad... ¡Imposible!, decía yo, tal trueque. Imposible abandonar todo lo que, nacido en mí, se ha instalado ahí como en su propia casa, ni nada de lo que, venido de fuera, ha echado raíces en mi propio ser. » Y, sin embargo, es posible. Lo fue en Cipriano, lo fue en Ignacio, lo será en todo el que un día se decida a construirse un alma nueva en lugar de la dormida que tal vez ha tenido hasta ahora. No será fácil. Los espeleólogos saben que no se desciende al fondo de la Tierra sin dejarse trozos de piel de las rodillas en la aventura. Y la espeleología del alma no es más fácil que la deportiva. Pero bien vale la pena bajar al fondo de nosotros mismos para regresar con un ramo de trozos de nuestra alma. 


José Luis Martín Descalzo.
Razones desde la otra orilla.
Editorial Sígueme, 2001.

Y abusando de mi atrevimiento, dejo este ENLACE en homenaje a José Luis Martín Descalzo, a mi madre y a mis recuerdos de juventud.

domingo, 14 de noviembre de 2021

POEMARIO (2)

 ÍTACA: KONSTANTINO KAVAFIS

"Ítaca" es uno de los ciento cincuenta y cuatro poemas que consideró acabados, ya que corregía su obra de forma permanente; algunos poemas tardó en elaborarlo hasta diez años.

Es este un poema sobre la decadencia que sufrimos después de los grandes momentos históricos, en el que pinta un cuadro realista y decadente de un pasado que ahora es poco conocido y que fue fascinante desde la antiguedad hasta el presente. En este poema se nos emvuelve en una atmósfera cotidiana de los tiempos ya pasados. 

Personalmente considero este poema de Kavafis comi una ayuda que le da sentido al viaje de la vida, disfrutar de cada etapa del camino, en un viaje emocional,  al interior y a nosotros mismos. Lo más importante no es llegar, es enriquecerse de todo lo que nos aporta el camino de la vida.

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

 

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

 

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

 

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

 

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

viernes, 12 de noviembre de 2021

POEMARIO (1)

 

SI… POEMA DE RUDYARD KIPLING


«Si…» (originalmente “If”) es un poema escrito en 1895 por el autor inglés Rudyard Kipling que conforma las reglas del comportamiento británico. Está escrito en un tono paternal, como un consejo para el hijo del autor.

Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor todos la pierden y te echan la culpa; 

Si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de ti, pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;

Si puedes esperar y no cansarte de la espera, o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras, o siendo odiado no dar cabida al odio, y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduría…

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen; 

Si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo; 

Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso (desastre)y tratar a estos dos impostores de la misma manera;

Si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho: tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas…

Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta, y perder, y comenzar de nuevo por el principio y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;

y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza, excepto La Voluntad que les dice “¡Continuad!”

Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;

Si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte, si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;

Si puedes emplear el inexorable minuto recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella, y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.



miércoles, 10 de noviembre de 2021

LA UTILIDAD DE LO INÚTIL.

 LA UTILIDAD DE LO INÚTIL. NUCCIO ORDINE

2017 Edición de bolsillo. Editorial Acantilado         ENLACE A INTRODUCCIÓN

Ya en su introducción Nuccio Ordine, nos muestra en detalle la trama materialista predominante en la educación actual. En este contexto, los programas educativos y los presupuestos ministeriales se planifican con un evidente desprecio hacia las humanidades. Pues son áreas de esencia gratuita y desprendida, separadas de “aplicabilidades más prácticas” y redituables. Es recomendable pinchar en el enlace a la introducción donde el autor hace ya un claro propósito de intenciones.

Por el contrario, los saberes humanísticos van mucho más allá de cultivar el espíritu, ya que gracias a su naturaleza desinteresada, estos son cruciales para la evolución de la civilización y el desarrollo cultural de la humanidad. Además, Ordine defiende una enseñanza de carácter integral que no relegue a los saberes encaminados en propósitos no utilitarios y/o comerciales.

El autor, en absoluto desea mostrar a las humanidades por encima de los demás saberes. Al contrario, describe el valor intrínseco de las ciencias, las asignaturas técnicas y la competitividad. No obstante, insiste en que hasta las disciplinas prácticas poseen un valor adicional, muy diferente al mercantilista. Por ende, todas las áreas de formación del ser humano pueden orientarse simultáneamente hacia el pensamiento crítico y compasivo y no son excluyentes.

Ante el arquetipo del utilitarismo y la doctrina mercantilista fundamentalista, Ordine ofrece el valor de la ilusión, los ideales y el desprendimiento; y defiende la función perentoria de las humanidades en la formación de ciudadanos responsables, metódicos y comprometidos socialmente.

Ordine en esta obra manifiesta que se ha vuelto muy difícil superar la tendencia de la transformación —aparentemente indetenible— de las universidades en empresas. En tales circunstancias, los estudiantes asumen sin vacilar el papel de clientes motivados, ante todo, por un futuro con prosperidad material.

Entonces, “si el cliente siempre tiene la razón”, la calidad de la enseñanza cede en prejuicio de la obtención de un título en el menor tiempo posible. Esta circunstancia arrastra también al profesorado, convertidos en meros burócratas serviles del engranaje comercial de la universidad-empresa. En consecuencia, Ordine considera imperativo rediseñar un sistema universitario destinado casi exclusivamente a la producción de “personal rentable”.

Nuccio Ordine utiliza frases de Henry Newman y de Víctor Hugo para recriminar los recortes presupuestarios a las asignaturas humanísticas en los programas educativos. Incluso, insiste en duplicar las carteras destinadas a programas culturales y artísticos en situaciones adversas. En concordancia, el autor no concibe proyección de enseñanza alguna si se planea desprovista de los grandes clásicos. En este sentido no he podido resistir la tentación de poner al final de este texto un enlace a un interesante vídeo de una charla donde todas estas cuestiones son magistralmente expuestas por el propio Nuccio Ordine y que considero muy reomendable.

En la tercera parte de La utilidad de lo inútil, Ordine delibera en torno a las falsas expectativas derivadas de la riqueza y el poder. El autor representa la posición despectiva del filósofo italiano frente a la actitud superficial de quienes aprecian a los demás en base a la vestimenta. De igual forma, el filósofo italiano analiza el tema del amor y las relaciones interpersonales dominadas por el factor indefectible de las posesiones.

Dentro del ámbito de las que denomina dignitas hominis, el amor y la verdad son el territorio propicio para manifestar el desinterés verdadero. Por ende, en el criterio Ordine es imposible apreciar las dignitas hominis bajo los parámetros convencionales de la sociedad actual. Encarna una contradicción muy grande pretender expresar gratuidad en medio de una “civilización” incapaz de romper el molde materialista desde su propia pedagogía.

En su conjunto, este manifiesto de Nuccio Ordine más el anexo de ensayo de Flexner invitan al lector a la reflexión permanente como forma de reconocer su dignidad. Condición alcanzable únicamente mediante la educación centrada en la formación integral, sin sesgos ni recortes presupuestarios causados por (la excusa de) los tiempos de crisis. Por ello, se requiere recapacitar al respecto para encontrar una respuesta adecuada a nuestra era digital.

Finalmente, Flexner insta a desinhibir la curiosidad natural de las personas con el objetivo de impulsar “la libre búsqueda de conocimientos inútiles”. ¿Por qué es importante? Pues en el pasado ya la humanidad ha demostrado las valiosas consecuencias transcendentales de la libertad creativa del ser humano. Si un objeto supuestamente “inútil” es inofensivo, ¿cuál es el sentido de tratarlo como un elemento perjudicial o peligroso?

INTERESANTE ENLACE 

Ciencias Vs Humanidades, un debate ya superado.


    Las asignaturas tecnológicas o más vinculadas con las llamadas ciencias cada vez se están imponiendo mas en las aulas de nuestros centros educativos, y no solo desde el punto de vista de la cada vez mayor implantación de dispositivos tenológicos en los centros; sino también en la carga curricular y horarios de clases científicas y tecnológicas a nivel semanal. Robótica y programación se hacen hueco entre las matemáticas y las asignatura de física, biología pero, ¿dónde se están quedando las humanidades? Filósofos e historiadores alertan con preocupación que desde hace ya años, incluso décadas, se está dando más valor a los conocimientos técnicos que se consideran con mayores salidas profesionales y por ello con mayor prestigio social; mientras que se están relegando las materias ligadas a las humanidades: historia, arte, filosofía, literatura, etc. por considerarlas materias menos importantes para la sociedad, su progreso o su incorporación al mundo del trabajo. Además, son asignaturas que son consoderadas como contenidos que se estudian memorizando… ¡pero son mucho más que eso!

¿Qué estudiar, ciencias o humanidades?

    Una posible causa de ello es la tendencia que se está viviendo en los sistemas educativos de muchos países de enfocar la enseñanza desde una mentalidad utilitarista, considerando la educación como un proceso para la profesionalización y quitando importancia a la formación individual de las personas. Pero, ¿es cierto que “las humanidades no “sirven” para nada?

    Son muchas las voces de pensadores, sociólogos e investigadores que defienden que las materias de humanidades son pilares fundamentales para brindar al alumnado herramientas para entender la complejidad de la sociedad que nos rodea

    Y pese a la dificultad que existe para evaluar valores como el sentido crítico, el currículum debe fomentar y trabajar con profundidad los valores humanistas.

    ¿Por qué? ¿De qué nos sirve trabajar las humanidades en el aula? ¡Te damos algunos ejemplos de efectos positivos que tiene en el alumnado!:

  1. Para desarrollar la capacidad crítica de los estudiantes: ser capaces de comprender la información y argumentar a favor o en contra de las ideas establecidas creando así su propia opinión y visión del mundo.
  2. Para practicar la comunicación verbal y no verbal, brindando al alumnado la oportunidad de transmitir las ideas y los argumentos con claridad y coherencia.
  3. Para aprender a trabajar la información de forma adecuada: conocer y reconocer fuentes fiables y veraces, comprender la lectura, analizar los conceptos, compararlos con diferentes fuentes…
  4. Para potenciar el trabajo en equipo: esta competencia es necesaria tanto para la vida personal como la profesional y permite trabajar conjuntamente con otras personas con un objetivo común para obtener mejores resultados y sin necesidad de fomentar relaciones competitivas.
  5. Para comprender nuestro contexto histórico y tener perspectiva hacia el pasado y hacia el futuro. Comprender dónde estamos y cómo hemos llegado aquí es básico para imaginar nuevas formas de entender y mejorar el mundo.
  6. Para aprender a respetar la cultura y los contextos sociales e históricos de los demás, a través del conocimiento y la comprensión de los procesos que llevan a configurar las identidades.
  7. Para estimular el interés y la curiosidad por determinados contenidos: ¡Si les das las herramientas y les enseñas métodos de trabajo, ellos mismos acudirán a descubrir la historia, la filosofía, el arte, la literatura…!
  8. Para fomentar la escucha y la reflexión: dos capacidades clave a la hora de discutir y debatir ideas desde el respeto.

    Tal y como explican los expertos, aprender y enseñar humanidades va mucho más allá de memorizar fechas y nombres. La red está repleta de experiencias de docentes y centros que saben la importancia de este área de conocimiento y que pueden servirte de inspiración para tus clases. 

    Literatura, filosofía, música… son disciplinas que nos completan como personas y que nos enseñan a comprender la compleja realidad del mundo actual. Y, en este sentido, es evidente que estamos ya en una realidad del mundo muchomás global, que hace que competencias como la tolerancia, la empatía, la creatividad, la capacidad de resolución de conflictos o el pensamiento crítico sean muy importantes para las empresas, y estas competencias las tienen más desarrolladas los estudiantes de humanidades que los técnicos, científicos o matemáticos.

    Las empresas reconocen que necesitan perfiles técnicos pero no por ello dejan de reclamar a los «humanistas». Aunque también hay que aclarar que la importancia de este tipo formación aún no ha llegado de forma clara a España que va por detrás de los principales países desarrollados, sí es una apuesta en los países anglosajones. Esto lo demuestra el que compañias como Google, IBM o Microsoft se llevan a Silicon Valley a psicólogos, artistas, músicos, lingüistas, historiadores y filósofos. La era digital está reconfigurando el mercado laboral y somos testifos de un déficit de profesionales cualificados para cubrir puestos tecnológicos, pero para llevar esta a los clientes necesitamos personas con diferentes puntos de vista, capacidades y conocimientos, no solo tecnológicos, también especialistas en Filosofía o Arte, abiertos de mente, con razonamiento lógico y capacidad de innovación, capaces de ir más allá en el análisis de, por ejemplo, cuestiones éticas relacionadas con la Inteligencia Artificial. En estos lugares tecnológicos se están incorporando perfiles humanísticos (antropólogos, psicólogos, ilustradores, diseñadores...) en equipos multidisciplinares que, por ejemplo, trabajan para mejorar la experiencia de usuario a la hora de usar cualquier software en todo tipo de dispositivos.

Muchas empresas tecnológicas necesitan de una visión humanista de su producto tecnológico.
    Esta tendencia no es una novedad, por lo menos para empresas como Google. que hace ya varios años está incorporando en la plantilla perfiles que vienen de las Humanidades y las Artes. Y es que Google reconoce que es necesario para el desarrollo de nuestros productos e innovaciones contar con profesionales de todas la áreas. Por ejemplo, para construir las interfaces de los productos es más importante tener conocimiento sobre cómo observar y comprender a las personas, que las competencias púramente técnicas. La idea final es que el producto sea el más completo y, para ello, "son necesarias personas con puntos de vista y conocimientos distintos que aporten lo mejor de sí mismos», como señala Anaïs Pérez Figuera, directora de comunicación de Google España y Portugal.