Una
desordenada multitud de rostros ocultos, incompletos, dirigen sus miradas hacia
todos los lugares y hacia ninguno.
Ella, es sujetada por una mano
al amor, a la vida; mientras, con su otra mano, se aferra a su inocencia
interrumpida. Se abre paso bajo el estruendo de cuatro jinetes que pisotean a la
humanidad, la suya y la mía.
Abrigada en dulzura, muestra la
única mirada que puedo ver, plena, serena, hacia un cielo que en sus ojos adivino
plúmbeo y sin sonrisas. Como en todas las miradas infantiles que conozco, sé
que quiere saber, sé que no tiene futuro, sé que solo tiene el presente y,
también sé, que está a punto de transitar su camino de baldosas amarillas, donde,
ella tampoco es consciente, ya nada será igual.
27 de marzo 2022
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